Ayahuasca ¿Representa un riesgo para nuestra salud o puede causar adicción?

Hemos elegido hablar de Ayahuasca (preparación hecha a base de las plantas banisteriopsis caapi y psicotria viridis) por ser parte de nuestra más antigua tradición amazónica sudamericana, por su potencial y por la relevancia y atractivo que actualmente están causando en personas de todas partes del mundo que buscan conocerla, experimentarla, estudiar seriamente sus efectos, e incluso adaptarla dentro de un esquema terapéutico.

Hoy no explicaré de su origen, naturaleza y usos. Esto lo hemos tratado (y seguiremos haciéndolo) en otros artículos. También hay otras páginas con estudios muy serios como ICEERS y otras publicaciones científicas.

¿Son dañinas estas plantas? ¿Representan algún peligro en su uso?

Y es que, precisamente se trata de la forma en que se integre o se experimente. Hay usos irresponsables que traen consecuencias negativas. Pero creo imprescindible tener en cuenta lo siguiente:

  • En principio,  la toxicidad de una sustancia

La forma más eficaz de saber si una sustancia es dañina es evaluar su toxicidad para el organismo, y en particular, para el sistema nervioso. ¿Es tóxica o no? Pues bien, los estudios desarrollados indican que, no hay efectos nocivos, incluso en consumos prolongados (como parte de tratamientos o de una tradición religiosa, espiritual o ritual) Tampoco hay neurotoxicidad alguna (muerte de neuronas). Estos mitos quedaron descartados hace mucho. Esto, por supuesto, aclarando que el manejo sea en dosis correctas y por personas ampliamente conocedoras.

  • Por otra parte, evaluar si en su uso existe un riesgo de consumo compulsivo (necesidad, adicción)

Aquí se trata de dos cosas:

1) del potencial mismo que pueda tener la sustancia para causar adicción. ¿Por qué? Pues porque hay sustancias que trabajan en el centro de recompensa de nuestro cerebro. Esto quiere decir que producen una activación mayor de lo usual de un neurotransmisor ligado a las regiones cerebrales que regulan el movimiento, motivación y placer, reforzando el consumo y generando que las personas busquen repetirlo.

Por lo tanto, existen sustancias que – bioquímicamente hablando – son más proclives a causar la adicción. Aquí se encuentran la cocaína, heroína, metanfetaminas e incluso el chocolate (no modifica la consciencia pero sí se ha comprobado una influencia en procesos del sistema nervioso). ¿Ayahuasca y San Pedro están en este rango? La respuesta, a juzgar por los estudios hasta ahora desarrollados, es un contundente NO.

2) Lo segundo, muy importante también, es qué potencial tiene una persona para desarrollar conductas como la adicción a alguna sustancia. Esto ya obedece más a una predisposición psíquica o anímica (necesidad de evasión, depresión y/o ansiedad) A pesar de ello, un adicto no encontraría en estas plantas sustancias que permitan la anhelada “evasión de la realidad”. Muy por el contrario, encontraría una confrontación interior muy poderosa que puede ayudar a reconocer la causa implícita y profunda de su conducta autodestructiva. Estudios al respecto, ya existen y están documentados.

Experiencias exitosas ya existen incluso, de tratamiento de adicciones con un modelo que combina de manera armónica psicoterapia y medicina tradicional amazónica (por ende, el uso de ayahuasca). El caso más representativo es del CENTRO TAKIWASI, se trata de una institución muy seria con más de 25 años trabajando en un modelo terapéutico único con un índice de éxito extraordinariamente alto. Esta misma experiencia dio pie a que investigadores serios y reconocidos como Gabor Maté repliquen estas prácticas adaptándolas a otros contextos, aunque igualmente en el tratamiento de adicciones en Vancouver, Canadá.

  • Tercero y muy importante: la intención

No es lo mismo un consumo para “experimentar un viaje” o por curiosidad, que aquél que realizamos con respeto para sanar, con la intención de trasmutar, de cambiar, ya sea en un espacio terapéutico (serio) o con personas preparadas para este fin.

En este sentido, si decidimos con humildad, participar de una tradición, nos adaptamos y seguimos el rigor de las tradiciones de esta cultura.  

Dónde, cuándo y con quién

Este último aspecto también es vital. Ya que para conocer esta tradición, no hace falta solamente un tipo disfrazado de chamán y cantando icaros. No en definitiva. Un ser humano, sí, como todos, con errores y aciertos. Pero necesariamente, alguien iniciado en esas tradiciones, que haya aprendido por experiencia propia, con años de preparación, humildad e integridad.

Hoy en día la oferta es abundante. Y resulta complicado, ya que, su demanda creciente eleva una oferta que a veces podría resultar no adecuada o riesgosa. La experiencia podría ser un buen indicador, al igual que aquellos que respeten sus compromisos y lo que implica para cada persona que desea participar, previendo siempre todo lo necesario para brindar seguridad. Y sobre todo, dejar en claro, que acercarse a ella implica conocer una cultura ancestral que proviene desde el origen de relacionamiento de los seres humanos consigo mismos, con su entorno y la naturaleza.

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